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Competitividad de la industria solar de la UE

La fabricación fotovoltaica solar es una industria europea innovadora y competitiva que debe permanecer en Europa. Gracias a los altos niveles de automatización en el proceso de fabricación, los costes de producción en Europa son competitivos a nivel mundial. El coste de la mano de obra de algunos fabricantes europeos está por debajo del 10 % de todos los costes de producción. La producción de módulos solares fotovoltaicos en economías con bajos salarios como China no es una alternativa atractiva, ya que por lo general la producción no resultará más barata. Por el contrario, según un análisis del mercado en EE. UU. realizado por el Laboratorio Nacional de Energía Renovable estadounidense, los fabricantes chinos sólo cuentan con una ventaja en cuanto a costes de entre el 1 % y el 2 % con respecto a los fabricantes estadounidenses. Si se tienen en cuenta los costes de transporte, los fabricantes chinos operan con una desventaja de costes del 5 %. Dadas las distancias y la complejidad del transporte necesario, creemos que China opera con una desventaja de costes similar en Europa.



Fuente: www.nrel.gov


Investigación y desarrollo para mejorar la eficiencia y la calidad

La mayor parte de tecnologías solares empleadas en el mundo se originan en Europa. Los grupos de investigación más importantes tienen su base en la Unión Europea y, gracias a la estrecha cooperación con la industria solar fotovoltaica a lo largo de muchos años, los fabricantes europeos están muy por delante del resto del mundo desde el punto de vista tecnológico. Los productos solares fotovoltaicos deben tener una vida útil de al menos 25 años y continuar produciendo electricidad incluso en las condiciones meteorológicas más adversas, motivo por el cual la calidad es tan importante en los productos solares fotovoltaicos.

En muchos otros productos industriales, la innovación implica software nuevo o la adición de componentes nuevos manualmente. En la industria solar fotovoltaica, el principal reto es desarrollar un conocimiento (know-how) sobre las técnicas de fabricación que permita la producción de obleas aún más finas, reduciendo así la cantidad de silicio necesaria y aumentando el nivel de conductividad. En Europa, la innovación se ve impulsada por los altos niveles de automatización, que limitan el riesgo de errores humanos y la contaminación del producto con polvo u otras partículas dañinas. Los fabricantes europeos han adquirido experiencia en la aplicación de los niveles de producción más estrictos a lo largo de muchos años, motivo por el cual la producción europea es tan eficiente y globalmente competitiva.